CORTO-MEDIO-LARGO PLAZO EN PLANIFICACIÓN DEPORTIVA

El objetivo de cualquier deporte, de cualquier juego, no puede ser otro, siempre debe ser ganar…

Ganar es el resultado favorable del esfuerzo, del trabajo, de la excelencia, de la comprensión y aplicación de unas normas iguales para todos, bajo las cuales nos ponemos a prueba contra otros, aunque en verdad, nos ponemos a prueba contra nosotros mismos.

El deporte, el juego, sin el interés por ganar, pierde cualquier tipo de aliciente, deja de transmitir la idoneidad de los valores que trata de defender; evidentemente solo defenderemos la idoneidad de la victoria, siempre que se hayan observado y seguido escrupulosamente las normas del juego.

Pero, ¿qué debemos hacer para conseguir la victoria? Evidentemente, cada deporte, cada club, incluso cada participante tiene su propio criterio de valores, lo defiende y  lo expone ante compañeros y rivales, y todos ellos pueden ser válidos si alcanzan el objetivo perseguido, ganar… y todos ellos los consideraremos idóneos si cumplen las normas del juego.

Más allá del objetivo conseguido, las diferentes escuelas y teorías deportivas inciden de forma diferente en los métodos  de trabajo para lograr, todas ellas, el mismo objetivo, pero, de forma inconsciente, las prioridades de diferentes disciplinas, de diferentes clubes no son siempre las mismas.

Aquí es donde pretendemos enfatizar una distinción meramente subjetiva, pero que es válida para conocer los intereses que median a cada uno de los participantes.

Esta distinción puede proponerse en función del tiempo que necesitan para conseguir su objetivo y es donde toman relevancia los parámetros de corto, medio y largo plazo.

Vaya por delante que no pretendemos hacer un análisis crítico ni censor de unas prácticas u otras, sino simplemente realizar una exposición crítica de cada una de ellas para conocer qué tienen de positivo o negativo todas ellas.

Los términos corto, medio y largo plazo son términos temporales subjetivos y no atienden a razones objetivas de baremación, por lo que podrían ser objeto de análisis, discusión, crítica.

Entendemos como el corto plazo aquel espacio de tiempo que finaliza de inmediato, en la próxima acción o decisión y queremos asemejarlo a la expectativa u horizonte marcado en el próximo reto deportivo, próximo partido.

La planificación a corto plazo está orientada al enfoque puntual del próximo evento deportivo, analizar el rival y compararlo con nosotros mismos para poder conocer  de qué forma podemos competir obteniendo los mejores resultados, analizaremos parámetros tales como la rapidez, destreza, fuerza del rival y propia, para tratar de enfocar el juego según nos convenga.

Un buen análisis debe tener en cuenta, tanto los factores favorables como los desfavorables, así como también tendrá en cuenta la estrategia que seguirá nuestro rival, para poder defendernos de la mejor forma posible.

El medio plazo es aquel espacio temporal que abarca un horizonte más lejano, pero del cual, pudiésemos atisbar el final, tal y como sería la planificación del campeonato de liga o de cualquier torneo en el que estemos inmersos.

La planificación del medio plazo debe incorporar conceptos tales como la gestión de la disponibilidad de los deportistas, conocer cuáles son las virtudes y defectos de cada uno de ellos y saber gestionar el adecuado uso de cada uno de ellos, aprovechando sus virtudes y escondiendo sus defectos.

El medio plazo puede convertirse en un trabajo estratégico de obtener los mejores resultados deportivos en una temporada con las virtudes y carencias de que se dispone.

Por último, el largo plazo podría referirse a la línea técnica y directiva de un club, una escuela o un deportista, los que deben de planificar la consecución de los años, de forma global, marcando una línea de actuación, de enseñanza y crecimiento, refiriéndose a unos objetivos generales y globales.

Los objetivos generales, la filosofía de un club no va asociada a los resultados deportivos, sino más a un sistema de gestión, a un interés general, a la transmisión de unos valores u otros.

Dentro del deporte base, existen multitud de equipos, de clubes, de asociaciones, cuyo fin último no es  la consecución de resultados, sino la formación de personas, la educación en un entorno de deporte, de competición, de esfuerzo.

Muchos son los equipos que tratan de transmitir este tipo de mensajes, recordemos el famoso slogan que habla de la “cultura de esfuerzo”, con el que nunca se transmitió tanto con tan poco.

Todos los equipos, todos los clubes, todas las escuelas disponen de planificaciones de corto, medio y largo plazo, de forma consciente o inconsciente y cada uno de ellos podrá priorizar unos sobre otros.

Dentro del ámbito del deporte, en el que los cambios cada temporada pueden ser muy importantes, las correctas planificaciones de cada club deben ser consideradas con la importancia que se merecen para la correcta consecución de objetivos.

En un club cuya prioridad sea el corto plazo, la victoria inmediata primará sobre cualquier otro factor y se exigirá al jugador unos objetivos que no le competen, se priorizarán valores que pronto desaparecerán, por lo que el club, el equipo obtendrá los beneficios de estos valores aun sabiendo que, con el tiempo ese jugador concreto no podrá seguir aportando estos valores, sin que importe el tratar de explotar otros valores u otras habilidades.

En el corto plazo importa el resultado y debe obtenerse, aunque sea a costa de no progresar en el medio o largo plazo.

Esta prioridad, evidentemente, afectará tanto al rendimiento deportivo del deportista, como a la motivación y personalidad del niño, generando una frustración en la medida pueda observar como esta ventaja se desvanece en el tiempo.

Factores muy importantes en esta faceta guardan relación con los diferenciales de crecimiento, por los que los niños, hasta entrada su adolescencia, tienen fases de crecimiento desigual, suponiendo fases de ventaja y desventaja con sus rivales, los cuales pueden ser aprovechados de forma temporal, generando superioridades que, con el tiempo, pueden no consolidarse; ello puede generar expectativas, tanto en el deportista como en su entorno que pueden no ajustarse a la realidad.

En los clubes cuya prioridad pasa por el medio plazo, evidentemente, no descuidan la importancia de conseguir una victoria en un evento deportivo, pero priorizan mantener una línea de juego regular, consiguiendo sus objetivos, individuales o de equipo, y buscando un crecimiento del grupo.

Estos clubes buscan que sus equipos, en función de la disponibilidad que tienen, puedan generar el mejor juego posible, el cual, de forma estadística, vendrá a garantizar los mejores resultados posibles.

Esta planificación de medio plazo ofrece un entorno de juego más seguro a los participantes en el club, no ensalzando o abandonando a aquel jugador que pueda pasar por una fase de juego mejor o peor, sino que consideran, por lo que la confianza del individuo en el grupo, la percepción del valor aportado y la consecución del objetivo grupal es muy relevante, contra la consecución de éxitos personales, individuales y puntuales.

Los clubes cuya planificación está focalizada en un largo plazo, usualmente vienen a ser clubes muy solventes y con una trayectoria histórica muy importante o relevante.

La planificación a un largo plazo necesita de eso… de largo plazo, necesita de personas que diseñen y entiendan el esfuerzo que este tipo de trabajo supone, el cual prioriza, ante todo, un modelo de club.

Se trata de un modelo que no va a priorizar éxitos deportivos en poco tiempo, sino que va a priorizar la confianza en un colectivo, el cual puede variar de forma puntual, pero apostará por el crecimiento deportivo y personal de sus activos.

Esta modelización del sistema no prioriza las capacidades actuales, sino que trata de buscar capacidades de largo plazo o incluso de futuro, soportando la enseñanza de niños cuya capacidad actual no está plenamente desarrollada o, incluso, puede estar oculta.

Es evidente que cada club, cada escuela, buscará aquel sistema que más pueda adaptarse a sus circunstancias propias, a sus posibilidades y limitaciones, pero todos ellos deben ser conscientes que el objeto de su trabajo son niños y deben ser tratados como tal, buscando siempre el beneficio del niño, ya no tanto en el ámbito deportivo, pero siempre en el ámbito de la formación de éste.

Los padres, por nuestra parte, debemos ser conscientes de cuáles son los objetivos del club al que pertenecemos, cual es su línea de trabajo y qué esperan de nuestro hijo, de esta manera podremos ser plenamente conscientes que podamos llegar a tomar la mejor decisión para nuestro hijo, encontrar el entorno donde queremos que se desarrolle y donde se le reconozca por lo que es.