CUANDO EL RESULTADO ES LO QUE IMPORTA……

¿Qué mensaje transmitimos a los niños en la práctica del deporte?

¿Realmente estamos transmitiendo el mensaje correcto?

¿Cuál es la primera pregunta que hacemos al niño una vez acabada una competición?

Sin lugar a dudas nuestra primera pregunta se relaciona con el resultado obtenido en la competición, tanto a nivel grupal como a nivel individual, el resultado a favor es la respuesta esperada.

Queremos escuchar que nuestro hijo, nuestro amigo, HA GANADO.

El resultado es la prueba del éxito obtenido en un corto plazo, en el día a día, en cambio, no es definitorio de una tendencia, una mejora, un progreso.

El resultado puntual, medido de forma independiente, puede ser la consecuencia de multitud de factores que no guardan relación con la capacidad o con el esfuerzo, podemos ganar por incomparecencia del rival o podemos ganar por competir contra rivales menores, también porque hemos tenido suerte en un momento determinado de la competición, o también por una decisión errónea del árbitro a nuestro favor (parece mentira, pero los árbitros también se equivocan a nuestro favor).

Pero es muy importante conocer el porqué de nuestra búsqueda del resultado, del éxito en el corto plazo; posiblemente podamos encontrarla en la sensación de placer obtenida al generar endorfinas durante el proceso de excitación que genera el desarrollo del juego cuando finaliza de forma favorable, aunque esa misma excitación y generación de endorfina se obtiene cuando el resultado no es favorable.

Por ello, apuntamos más a un sentimiento de prevalencia de grupo, a una sensación momentánea de superioridad sobre el vencido; esa sensación pronto desaparecerá, en la vuelta del individuo a su vida cotidiana.

En cambio, el deporte base debe ser garante de objetivos diferentes; el niño que practica deporte está en una fase de crecimiento y aprendizaje y trasladar nuestra voluntad de victoria a ellos no es coherente, además… tampoco es justo.

Si la sociedad considera idóneo marcar la diferencia entre el éxito o el fracaso en la victoria o la derrota, en el deporte base lo hacemos a costa de la frustración del perdedor… un niño o un grupo de niños.

No podemos pretender marcar jerarquías o clases en función del resultado obtenido, los niños, en su fase de crecimiento disponen de unas cualidades más avanzadas que otras y los niveles de crecimiento y desarrollo de cada una de las facetas que desarrollan no son más que puntos intermedios en su desarrollo evolutivo.

Dentro de la práctica del deporte base todos nosotros hemos podido asistir a diferentes técnicas para lograr el resultado esperado, unas más lícitas, otras menos, unas incluso tramposas, pero todas ellas tienen un resultado adverso al esperado.

Posiblemente, en el corto plazo, el resultado, se llega a obtener el objetivo deseado, pero … que pasa en el medio y largo plazo?

Hemos podido observar prácticas de equipos que alinean jugadores de mayor edad que sus rivales, sin que el responsable se preocupe por su falta de rendimiento cuando compitan con niños de su edad.

Hemos podido observar otros que no permiten jugar a aquellos niños cuya competencia o competitividad es inferior, sin que el responsable se preocupe por el desarrollo de este niño o incluso por sus sentimientos.

La “pérdida de tiempo” tan repetida en el fútbol y otros deportes con medición de tiempo, muestra al niño que el resultado es más importante que el propio juego.

Todas estas son prácticas cortoplacistas, únicamente benefician a aquel cuya evolución está limitada y perjudican el crecimiento y el desarrollo del niño, el verdadero protagonista de todo este entramado deportivo.

El resultado, evidentemente, es importante… es el único sistema de medición objetiva que existe para conocer la progresión de un deportista o grupo.

Pero no debe considerarse determinante, por la multitud de factores que influyen en su determinación, el resultado cuantificable debe ser medido a largo plazo y con la única referencia del deportista o del grupo respecto si mismo.

Es decir, medirnos a nosotros mismos respecto lo que éramos tiempo atrás, no medirnos contra nuestros rivales, conocer nuestras propias características, cuantificarlas y tratar de mejorarlas; evidentemente, ello redundará en el resultado final, incluso en aquel que se publica.

TEXTO: MASQUEUNO

FOTO: MAR SORIA