LA ABSTRACCIÓN DEL DEPORTE

El ser humano, dentro de su proceso de civilización y distinción humana respecto el resto de animales, comenzó a generar espacios de abstracción mental, en los que desarrollaba el potencial de su imaginación.

Desde las pinturas rupestres hasta la aventura espacial, el ser humano ha generado normas y leyes, naturales y no naturales, con las que ha desarrollado aspectos menos cuantificables; la pintura, la escultura, la interpretación, la música son disciplinas que tienen sus propias leyes y son capaces de transmitir sentimiento sin una relación lógica.

Dentro de estas disciplinas también debemos destacar el deporte, como actividad que desarrolló el arte, la forma física y la técnica.

De igual manera que para entender una obra pictórica será necesario conocer sus normas, para encontrar la belleza plástica en el deporte habrá que conocer sus propias normas, pero, una vez conocidas, la apreciación de esta belleza es inmediata, la posibilidad de discernir entre lo bello y aquello que no lo es, surge de inmediato.

Pero, dejando a un lado la belleza plástica del deporte, cabe destacar la influencia que su práctica puede tener sobre el deportista.

El deporte, de forma general, consiste en la invención de unas normas arbitrarias para la consecución de un objetivo, siempre bajo el respeto de estas normas.

Si bien, para la práctica del deporte las normas son fundamentales, la verdadera intención de cada deporte no es su cumplimiento estricto, sino competir en la destreza personal aplicando las normas correspondientes.

El aspecto importante del deporte no se basa en la capacidad para saltar una valla, para encestar un balón o para meter un gol; sino en la capacidad del individuo de conseguir las herramientas necesarias para lograr el objetivo propuesto.

Es cierto que la fisionomía del deportista, su forma física y su entrenamiento le dirigirá a un deporte u otro, pero su mente abstracta será capaz de desarrollar cualquiera de las disciplinas en igualdad de condiciones, puesto que el deporte es pura abstracción mental, dirigida desde el cerebro y transmitida al cuerpo para que desarrolle las facultades necesarias.

Podríamos hacer la semejanza, a nivel mental, con la resolución de un laberinto o un sudoku; las normas son impuestas y el cerebro debe trabajar para obtener el mejor resultado en la resolución del problema.

Evidentemente existen disciplinas con mayor y menor nivel de abstracción mental; posiblemente el atletismo o la natación exijan un menor esfuerzo abstracto, pero, en cambio exigen al cerebro otros niveles de trabajo, sacrificio, voluntad.

En cambio, deportes grupales y competitivos, deportes en los que la variabilidad del juego es muy elevada  (jugabilidad, según términos más recientes y aplicados a videojuegos), la abstracción mental gana enteros, convirtiéndose en el elemento determinante de una mejor práctica.

No con ello se resta importancia a la capacidad física del competidor, sino que viene a ser otro parámetro fundamental para la consecución del éxito.

De igual manera, en la medida que esta variabilidad aumenta, la abstracción aumenta de igual manera.

De hecho, podríamos llegar a cuantificar la jugabilidad de un deporte en la medida de las diferentes opciones de decisión que puede tener un jugador en cada momento.

Para poder interpretar este concepto, cada vez que un jugador de cualquier deporte tenga que tomar una decisión, podemos intentar ponernos en su lugar y analizar cuantas opciones tiene para ejecutar.

De entre todas las opciones, una será la óptima y otra será la menos acertada y, en virtud de su decisión, el éxito será posible o no.

Pases, disparos, desmarques, regates; en la medida que se multiplican las opciones la decisión se convierte en más compleja, por lo que la toma de decisión exige de mayor esfuerzo mental y una mayor capacidad de abstracción.

Cada vez más, los profesionales de la práctica deportiva otorgan la importancia que tiene al concepto de la abstracción y la necesidad del trabajo, ya no físico o técnico, sino al desarrollo de la inteligencia del jugador, del competidor, al desarrollo cognitivo o mental.

Los deportes en los que se destacan estos factores de valor añadido con mayor vehemencia son aquellos deportes de competición directa, deportes en los que el acierto de un jugador es el error del contrario.

En estos casos, el juego se convierte en una continua lucha mental entre los competidores, regates, driblings, asistencias  son expresiones “artísticas” de la victoria de un rival, sobre otro, en el juego del engaño.

La mecánica mental de todos estos procesos es la misma, la variación se encuentra en la necesidad del momento y las normas que se deben respetar.

TEXTO: MASQUEUNO

FOTO: JUAN RAGA