LA CELEBRACIÓN DEL GOL

Todos los deportes de competición directa entre rivales necesitan de un sistema de puntuación, el cual pueda baremar la superioridad de uno sobre otro.

Los sistemas de competición pueden baremarse mediante la medición de tiempos, o mediante la consecución de puntos obtenidos de forma reglamentaria, siguiendo las instrucciones de cada uno de los juegos.

El tenis, por ejemplo, tiene su propio sistema de puntuación, pero en su mayoría los juegos y deportes de competición acumulan puntos de forma aditiva.

Con los puntos se ganan partidos, con los partidos se ganan puntos y con los puntos se escala una clasificación, de una liga, de un ranking o se concluye en una eliminatoria.

Los puntos, también llamados goles en algunos deportes (fútbol, balonmano, waterpolo, fútbol sala, hockey) se convierten en el objeto del juego y, por tanto, la consecución de un gol (o de un punto) se convierte en un éxito momentáneo, el cual puede estar asociado al éxito definitivo, en el caso que haya sido definitorio de ganar un partido, o a un mero trámite, cuando la diferencia de puntos y/o goles es abultada al final del juego.

Debido a la gran importancia que tiene la consecución de un gol, el subconsciente colectivo ha otorgado a este hecho una relevancia especial, un momento en el que la alegría desbordada del equipo permite situaciones que en otros casos no se entenderían.

También es el marco perfecto para focalizar toda la atención del momento en aquel jugador que ha conseguido el gol.

Ese momento en el que la individualidad prevalece sobre el colectivo y en el que, de forma momentánea, se deja libertad a la expresividad del autor.

Son momentos como estos en los que el jugador se expresa de forma abierta ante la sociedad y ante lo público en general.

El deporte profesional, rodeado de focos y cámaras, como en muchas otras facetas, ha marcado tendencia social en las celebraciones de los puntos y de los goles, siendo que se convierten en referentes de mimetización por otros jugadores, incluso por los más pequeños.

Los puntos, los goles, los signos de efusividad descontrolada pueden ser agrupados en virtud de aquel detalle sobre el que se incide, de forma consciente o inconsciente.

Los gestos de rabia, furia, fuerza… muchas veces asociados al esfuerzo necesario para la consecución, son el símbolo expresivo natural del deportista sometido a estrés, una reacción inconsciente de liberación de toda la presión a la que se ha visto sometido, la cual ha obtenido el resultado esperado; una reacción involuntaria, toda vez que es el resultado de un ejercicio introspectivo del propio deportista, que no alude a nadie, sino a sí mismo.

Estos gestos de rabia, de agresividad (deportiva), de fuerza pueden ser representados de forma ostentosa ante el rival, como signo de supremacía, buscando obtener una superioridad a nivel psicológico; y esto puede producirse de forma consciente e inconsciente.

Los gestos de agradecimiento al equipo o al compañero que ha trabajado para que haya podido ser posible este resultado, buscando, de forma inmediata, al compañero o al grupo; muy propio de deportistas de juegos colectivos, pero que solamente se da en aquellos casos en los que el propio deportista tiene completamente interiorizado el concepto del grupo en el deporte colectivo.

Al igual que en el caso anterior, estos gestos también pueden buscar la transmisión de fuerza y rabia a los compañeros para conseguir esta superioridad psicológica sobre el rival.

En ambos casos se manifiesta una espontaneidad, una inconsciencia, una naturalidad difícil de negar, se trata, en ambos casos, de reacciones, tanto más exageradas cuanto mayor ha sido el esfuerzo necesario para conseguirlo.

En cambio, los medios de comunicación y el deporte de élite ya ha tratado y ha logrado introducir otras formas de celebración, las cuales no destacan por su naturalidad, pero que han venido a quedarse entre nosotros.

En estos casos, las alusiones a la individualidad son manifiestas, tratando de hacer prevalecer al individuo sobre el grupo, tratando que la sociedad reconozca el valor añadido del individuo sobre el trabajo del resto de su equipo.

Cuántas veces hemos visto el gesto de un famoso futbolista dando un salto para acabar haciendo un gesto identificativo de su marca comercial, y lo que es peor, cuántas veces hemos visto ese mismo gesto, copiado, en otros deportistas, en su mayoría niños, que han preferido perder su espontaneidad para aludir a esta marca comercial.

También han proliferado los gestos de agradecimiento a la grada, familiares, amigos, que nada tienen que ver con el juego y que vuelven a poner de manifiesto la individualidad sobre el colectivo; momentos en los que todo el trabajo de un equipo queda en un segundo plano para que quién consiga el gol, objeto del trabajo de todos, lo dedique a quién él quiera.

Otros gestos, que son menos habituales, son aquellos que van dirigidos a la grada del equipo contrario, los cuales guardan una relación entre rencillas anteriores y que, bajo mi criterio personal, alude a la falta de deportividad de aquel que los profiere, demuestra no haber entendido las normas del juego, la razón del enfrentamiento, el cual debe quedar en un plano únicamente deportivo; de todo ello, nos mantiene bien nutridos el deporte profesional.

Pero también existen otros aspectos relacionados con la celebración de un punto o de un gol que deben ser expuestos para la conveniente reflexión.

Si un defensa o un portero evitan la consecución de un gol del equipo contrario, el resultado es el mismo que el marcar un gol para el equipo propio, pero las muestras de expresividad individual no son comparables; nadie entenderíamos que el defensa corriese como un loco a dar besitos a la grada o a tirarse por el suelo de forma irracional, por haber evitado un gol en contra.

Las celebraciones son diferentes en función del deporte en que se consiga el punto o el gol, de la importancia que este punto tenga para el resultado final del juego o incluso del campeonato y de la personalidad del propio jugador que lo haya conseguido.

Son muchos los factores que acaban por dar el resultado de un tipo de celebración u otro, pero la decisión final se encuentra en cada uno de los deportistas que compite.

texto: masqueuno

foto: Mar Soria