LA TIRANÍA DEL GOL

Dentro del desarrollo del juego de los deportes competitivos, debe existir un sistema de baremación que, finalmente, pueda arrojar un resultado que muestre quien ha sido el ganador; este sistema de puntuación es la base del juego y el objetivo por el que luchan los contrincantes.

Sin esta puntuación no existiría el juego competitivo reglado.

La obtención de esta puntuación, en juegos grupales, debe ser un objetivo alcanzado con la competencia y participación de todo el grupo, aunque muchas veces se destaca la actitud, la actividad o la competencia de un deportista respecto el grupo en la consecución del objetivo.

Dentro de este proceso de exaltación del destacado respecto del grupo, se desarrolla una competitividad interna por obtener el mejor resultado individual, tratando de prevalecer, de destacar respecto el resto del grupo, intentando acaparar la atención de los presentes.

La forma más sencilla de destacar respecto los compañeros es mediante la obtención de puntos o goles, a título personal, llegando un punto en que la participación del grupo queda en un segundo plano respecto el individuo que ha obtenido el punto.

Si nos remontamos al origen de esta discriminación positiva, no entendemos esta actitud, poco cooperativa en una sociedad que trata de ser democrática, participativa, igualitaria y cooperativa, pero, posiblemente debamos remontarnos al tratamiento que los medios de comunicación hacen a tal efecto.

Este fenómeno de la consecución del punto, dentro del ámbito psicológico de los deportistas, prevalece en deportes de mayor alcance social, promovido por los medios de comunicación; de hecho la actitud de un jugador de rugby tras la consecución de un tanto es muy diferente a la de un jugador de fútbol, el jugador de rugby sabe que su tanto ha sido el resultado de un trabajo grupal, mientras que el mundo se paraliza ante el jugador de fútbol que ha metido un gol, en el que «todos sabemos que los compañeros no han tenido ningún mérito».

En muchos otros deportes la consecución de un punto o un gol se trata como una parte más del juego, balonmano, waterpolo, incluso en baloncesto la lucha de egos no se produce por el tanto en sí, sino por la calidad del trabajo que cada jugador desarrolla.

Bien es cierto que, en deportes de puntuaciones altas, todos los deportistas puntúan en mayor o menor medida y todos reconocen la necesidad de todos ellos, cada uno en su justa medida, para lograr el éxito (baloncesto, balonmano).

En cambio, si volvemos a un deporte influenciado por los medios, volveremos a la exaltación del individuo respecto del grupo, como es el caso del fútbol americano en los Estados Unidos.

Los medios, resumen y enfatizan el juego de un equipo en función de sus puntos y sus victorias, bien es cierto que la máxima se cumple: “a mejor juego, más puntos se consiguen.”, pero los medios, en su resumen, solamente pueden atender al resultado, los puntos, dejando, muchas veces, el juego en un segundo plano.

De la misma manera, los medios se hacer eco de aquellos jugadores que puntúan en sus equipos, dejando en un segundo plano a otros jugadores que son igualmente necesarios, e incluso brillantes, pero lo demuestran en otras facetas del juego, imprescindibles para obtener el éxito del grupo.

Los niños, consumidores muy importantes del mercado que generan los deportes, más concretamente el fútbol (en España), ven condicionado su estereotipo de deportista en una determinada imagen, repetida cientos de veces en la televisión.

Un deportista no es un joven que se esfuerza más que nadie por obtener una victoria, no es aquel que ofrece un valor añadido a un grupo, en el que cada uno aporta valores diferentes; el niño quiere ser el que mete los goles, quiere prevalecer y ser el centro de atención y, aquel que lo consigue es reconocido socialmente por ello.

Multitud de ocasiones hemos asistido a preguntas del tipo, como habéis quedado y cuántos goles has metido, buscando el reconocimiento inmediato del menor en su éxito personal.

Dentro del mundo que rodea el deporte colectivo competitivo, debe prevalecer el trabajo de grupo sobre el resultado individual de la consecución puntual de un punto (más concretamente del gol en el fútbol), se debe restar importancia al hecho en sí del gol y reconocer todo el trabajo que hay detrás.

En ocasiones es evidente la brillantez que emana detrás de un gol, pero en muchas otras ocasiones esa misma brillantez la encontramos en la jugada que ha antecedido al gol o en cualquier otro lance de una competición sin que el reconocimiento personal exista.

El reconocimiento, exacerbado por el entorno, ante esta notoriedad generará, a medio y largo plazo, factores negativos en el propio niño, creando frustración en el caso que no exista una continuidad o egoísmo si la dinámica persiste.

TEXTO: MASQUEUNO

FOTO: MARCO BUSCA