LOS TROFEOS

La práctica deportiva va asociada al mérito y la recompensa; muy pocos son los deportes que no buscan resaltar al ganador respecto el resto, reconocer su gesta, permitir al vencedor demostrar al resto su superioridad en un ámbito concreto de la vida, en este caso de la competición.

Por ello, la práctica totalidad de deportes, en el ámbito de la competición finalizan con el merecido reconocimiento del vencedor ante el resto del a comunidad; este reconocimiento viene asociado con la entrega de cualquier tipo de objeto que le reconozca como tal y con el que pueda demostrar su gesta ante el resto.

Esta práctica la observamos en todos los deportes y todas las competiciones que se desarrollan, después de un torneo de fútbol, baloncesto, volley, balonmano, después de una carrera ciclista, después de un campeonato de surf, todos ellos finalizan con un podio y un reconocimiento a los vencedores.

No creo que, a estas alturas, nadie vaya a poner en duda la idoneidad de esta práctica, toda vez que todos los deportistas compiten con el sueño, la esperanza, el objetivo de ser ellos los galardonados, ser ellos los que reciban este reconocimiento y ello les obliga a esforzarse en mayor medida para tratar de conseguir el objetivo.

Este objeto, usualmente de escaso valor económico, pero que tiene su justo reconocimiento social (valor figurativo), ha sido comúnmente denominado como trofeo y no se trata de una invención actual sino que viene a formar parte de uno de esos ritos necesarios para que la competencia humana haya servido como herramientas de adaptación, supervivencia y evolución.

Lejos quedan aquellas sociedades de cazadores-recolectores en las que los jóvenes, ávidos del reconocimiento social, necesitados que la aldea supiese cual era el valor que aportaban al grupo, cargaban con la cabeza del animal cazado, para que todos los vecinos supiesen que los próximos días la dieta contendría carne (proteína y grasa de gran valor nutricional) gracias a su esfuerzo, su valor, su pericia… su importancia; con ello, se marcaban las primeras jerarquías en la escala social, entre aquellos que aportaban un valor a la sociedad y aquellos cuya aportación tenía menos valor.

Estos trofeos siguen vigentes entre los practicantes de la caza y su gusto por adornar sus salones con cabezas de animales disecados.

Estas prácticas eran acompañadas por otras, igualmente lejanas e igual de importantes; cuando dos tribus con mayor o menor grado de desarrollo entraban en conflicto, el valor del guerrero se mostraba con los trofeos con los que volvía a casa; en este caso, los trofeos podían ser en forma de prisioneros, los cuales pasaban a ser esclavos, o en sociedades en las que no se disponía de infraestructura para mantener un esclavo, mediante, una vez más, cabezas de prisioneros (u otras extremidades, aunque no es el objeto de nuestro artículo profundizar más en este ámbito).

De esta forma, un guerrero podía demostrar su valía al grupo, asegurando la protección ante ataques de otros grupos rivales.

De hecho, ello ha sido ampliamente documentada por multitud de cronistas y recogidas por los historiadores; incluso a todos nos viene a la memoria el caso más conocido de esta práctica, el llevado a cabo por las tribus de indios norte americanos, quienes recogían las cabelleras de los enemigos muertos en combate.

Desde estos orígenes del concepto trofeo, hasta nuestros días, las intenciones, los contextos y las formas han cambiado, por lo que el sentido figurativo del  elemento perdura, pero la forma y el contexto cambian.

Los jóvenes ya no buscan trofeos en la guerra (aunque siguen existiendo condecoraciones por actos militares), ya no buscan trofeos en la caza (aunque sigue  existiendo, tanto la caza como el trofeo de caza), pero los términos guerra y caza han quedado en un segundo plano; ya no forman parte de nuestro entorno más inmediato (al menos en las sociedades occidentales).

Por ello, el reconocimiento social se busca en otros ámbitos, en el ámbito de los estudios, en el ámbito de la colaboración, del desarrollo… en el ámbito deportivo.

Es en el ámbito deportivo donde ha perdurado el concepto trofeo, posiblemente porque existe una relación directa entre las prácticas guerreras y de caza con el desarrollo de la práctica deportiva hasta llegar a nuestros días (1).

Pero, al igual que el deporte ha evolucionado, la entrega de trofeos también.

En la actualidad, podemos distinguir los trofeos en grandes grupos:

Copas; como símbolo del elemento con el que beber para la celebración de la victoria;  normalmente serán metálicas, asemejando las copas de plata u oro que serían aquellas que destacarían el valor de la gesta obtenida.

Las copas son los trofeos en los que se puede apreciar la impronta del diseño de la época y las modas estilísticas del momento. Actualmente las copas están evolucionando a efigies simbólicas sin carácter de copa.

Medallas; como símbolo del precio abonado por un trabajo realizado, incluso la jerarquización de las medallas guardan una relación directa con el valor real de los metales      que representan (oro, plata, bronce).

El origen de la medalla como trofeo debe guardar una relación directa con la representación alegórica del pago de un botín por el éxito o con el pago de la “soldada” por el trabajo realizado, una vez más con relación directa con el mundo militar.

Placas conmemorativas; como evolución de las placas que se colocaban en los monumentos después de la entrada triunfal de un ejército en una ciudad, la construcción de grandes arcos del triunfo, en los que se recordaba la gesta del ejercito vencedor, las que también han llegado a evolucionar a las placas conmemorativas de los edificios públicos.

Diplomas, muy utilizados como trofeos menores en juegos olímpicos.

Sea como sea, hemos de reconocer el efecto positivo que tiene el trofeo en el deportista, a quién ayuda a esforzarse en todo lo posible para conseguir su objetivo.

Más aún en el niño, para quién la proporción de los hechos, de las cosas, tienen una magnitud superlativa, alentando la ilusión de haber conseguido una gesta insuperable.

TEXTO: MASQUEUNO

FOTO: ENRIQUE GARCIA

 

(1) Sin querer extendernos en este concepto, el cual será objeto de análisis en otros artículos, la práctica deportiva ha cambiado a lo largo de la historia, desde practicas que realizaban los griegos para favorecer sus condiciones atléticas para el combate, torneos medievales, con justas a caballo, lanzamiento con arco… hasta el desarrollo de estas actividades y otras en nuestros días.