LOS VALORES QUE TRANSMITE EL DEPORTE

El deporte es reconocido como una faceta mas en la evolución personal del individuo y como tal, el deporte, desde su base, debe ser tomado con la importancia que tiene, por la cantidad de factores positivos que genera en el crecimiento personal.

A nivel físico, los beneficios son incuestionables; no nos referimos a los diferentes inputs que se nos transmiten desde el mundo de la publicidad… cuerpos espectaculares, grandes hazañas, reconocimiento y éxito…

El deporte consigue una activación de los órganos del cuerpo, músculos, articulaciones, sistema aeróbico, sistema bascular… todo el cuerpo trabaja, contrastando la pasividad propia del sedentarismo, cada vez mas presente en nuestras vidas.

Un cuerpo que se exige, de forma razonable, un esfuerzo físico, periódico, controlado,  será un cuerpo con una mayor fuerza, mayor capacidad de trabajo, mayor capacidad de respuesta ante cualquier problema.

Bajo condiciones de sedentarismo, la necesidad calórica de un cuerpo es inferior a la que usualmente aportamos, siendo que el propio cuerpo almacena este sobrante en forma de grasa, las extremidades necesitan menos aporte de oxígeno, por lo que las venas y arterias que transportan la sangre necesitan un menor flujo sanguíneo por lo que disminuyen su grosor, los músculos pierden volumen, puesto que los aportes alimenticios no llegan hasta las extremidades y el cuerpo inicia un proceso de latencia e inactividad, del cual cada vez es más complejo salir.

En cambio, en condiciones de esfuerzo y trabajo, este sobrante de energía es utilizado para el crecimiento de aquellos órganos en constante trabajo, generando el crecimiento muscular, un corazón más fuerte o unos pulmones más capaces.

Pero los beneficios del deporte no se quedan en el plano físico, son multitud de aspectos de carácter psíquico los que también se ven reforzados.

El cerebro, contemplado como otra extremidad, necesita de ese bombeo sanguíneo para recibir su alimento, el entrenamiento del cerebro necesita de un plano físico y un plano intelectual.

La habilidad es un aspecto ámpliamente favorecido por la práctica del deporte, la psicomotricidad, tanto la fina como la gruesa se ven favorecidas por la práctica de cualquier deporte.

Es evidente que esta psicomotricidad dependerá del deporte que se practique, un jugador de baloncesto adquiere habilidades diferentes a las de un jugador de fútbol, pero, en el cómputo global, de forma general, se desarrollan habilidades conjuntas que son compatibles a todos los deportes y que son aprovechables en cualquier faceta de la vida.

Pero la habilidad genérica, adquirida en todos los deportes, se alcanza en el ámbito cognitivo; el deporte, cualquier deporte, no deja de ser un juego, una experiencia, un reto para nuestra mente, en el que gana quién coordina mejor todos los aspectos que le competen, entre ellos la capacidad de analizar la situación concreta del juego y buscar la mejor respuesta para obtener el mejor resultado.

Este trabajo, complejo por momentos, pero que, inmersos en el juego realizamos sin esfuerzo, activa las conexiones sinápticas del cerebro, consiguiendo un mayor estímulo y desarrollo de éste; no nos quepa la menor duda, “…es como estudiar pero divirtiéndote”.

Las matemáticas tienen sus reglas, jugar a las matemáticas pasa por comprender estas reglas; el deporte, cada deporte tiene sus propias reglas, comprenderlas y desarrollarlas lleva asociado su propio esfuerzo y trabajo.

Otros valores, como el compromiso, el esfuerzo, el sentido de pertenencia, la responsabilidad, no son fáciles de adquirir y transmitir a los menores.

El deporte, practicado con rigor, exige del individuo, desde sus edades más tempranas, de todos estos valores para obtener el mejor resultado, sea cual sea el deporte, individual o colectivo, competitivo o no competitivo, la práctica de un deporte exige del reconocimiento de todos estos valores, fundamentales en la vida, asumirlos y desarrollarlos.

En el caso de un menor, y concrétamente del deporte base, las conclusiones son las mismas, pero, si cabe, la exigencia social debe ser mayor.

Un menor es un futuro ciudadano que está modelando su cuerpo y su mente y todas aquellas herramientas que pongamos a su disposición deben ser las adecuadas para alcanzar el mejor resultado posible.

El deporte base es el camino que marcará la dirección del futuro adulto, el camino del esfuerzo y la recompensa, la idea del objetivo y el sacrifico para su obtención, la idea de la existencia de normas y el respeto a estas, el camino de una vida sana que le puede mantener alejado de problemas de salud derivados de la vida sedentaria y de las dietas hiper calóricas, o en un extremo mas complejo, mas trágico, de entornos, de hábitos y de costumbres poco sanas a nivel físico, emocional o social (tabaco, alcohol y otras drogas).

Pero también le advertirá de las frustraciones generadas por la vida, aplicando las competencias que adquirió, sin saberlo, aquel campeonato que no gano, aquella carrera en la que tuvo que abandonar, aquella fase en la que sufrió una lesión; entenderá perfectamente que tiene que levantarse a trabajar o estudiar, de la misma forma que hizo aquel fin de semana que tenía que competir contra un rival imbatible.

Los valores del deporte base no acaban en el resultado, ni siquiera en la calidad del juego, sino que arraiga en el niño, mostrándole los valores que sus educadores pretenden transmitir.

Estos valores van a ser un referente en la vida del futuro adulto, por lo que es fundamental que incluyan conceptos tales como esfuerzo, sacrificio, empatía, respeto, educación, progreso, crecimiento y guarden una relación directa con el concepto satisfacción.

El resultado es un objetivo de todos, de todos nosotros depende cual es el resultado que buscamos y que podremos alcanzar.

TEXTO: masqueuno.es

FOTO: MARCO BUSCA