MINUTOS… ¿Gestionamos bien el banquillo?

Los minutos pasan y las caras tornan de esperanza a desesperación…

¿Cuántas veces hemos observado este fenómeno?

Dentro de los deportes de equipo, una realidad completamente necesaria es la existencia de suplentes, tanto por combinación de diferentes roles de jugadores, como por la posibilidad de descanso, como por la contingencia ante cualquier lesión.

Los suplentes, los cambios y el reparto del tiempo de juego es una constante en deportes de equipo; desde el fútbol, baloncesto, rugby, waterpolo, balonmano y un largo etc…

Cada deporte propone un número de jugadores de campo y un número de suplentes e incluso una dinámica de sustituciones:

En fútbol, por ejemplo, solamente se permiten 3 cambios, aunque en categorías inferiores el número de cambios permitido aumenta en la medida que se baja la edad, llegando a categorías de menores de 12 años en los que los cambios son libres.

En otros deportes, tales como el balonmano y baloncesto, los cambios son libres, pudiendo realizar todos los que sean deseados, incluso entrando y saliendo el mismo jugador.

Esta distribución del tiempo de juego queda a cargo del cuerpo técnico, el que, bajo su consideración, decidirá, en cada momento, la decisión a tomar al respecto de qué jugadores deben estar en el terreno de juego.

Reconozcamos que esta decisión nunca es bien recibida por todos.

En este tipo de deportes de competición por equipos, el partido (normalmente cada fin de semana o bien en competiciones o torneos) es el máximo exponente del esfuerzo realizado por el niño o por el deportista; es el lugar y el momento donde cada niño demuestra a su entorno las destrezas adquiridas.

Pongamos otro ejemplo que todos entenderemos y es que “a ningún niño le gustaría ensayar una obra de teatro para no actuar el día de la función”.

Pero en el deporte de equipo la distribución del tiempo no es exactamente igual (un todo o nada); en un inicio deberíamos pensar que, a priori, NO existen titulares y suplentes, sino que las condiciones de adaptación de cada niño a lo requerido por el entrenador será fundamental para que  el rol del niño sea uno u otro, pero existen otros muchos factores que pueden ser tenidos en cuenta y que deben ser entendidos por todos los participantes.

Un mal ajuste de las prioridades de entrenadores, jugadores y padres puede generar frustración en todos los intervinientes, así como contaminar la relación entre todos los que conforman el grupo humano del equipo.

En sucesivos artículos pretendemos tratar de forma pormenorizada algunos casos específicos.