MINUTOS… (II)

Retomando el análisis de la distribución de los minutos de juego, tema que ya iniciamos en un artículo anterior, creo que las reglas del juego deben ser claras y asumidas por todos los participantes.

En todos los deportes existen clubes y escuelas cuyas metas son diferentes y desarrollan todas sus estrategias tratando de cumplir estas metas.

A grandes rasgos podemos diferenciar clubes cuya finalidad será competir y clubes cuya finalidad será la práctica del deporte en sí, considerando los  beneficios sociales y personales que obtienen los niños en la práctica del deporte.

Incluso dentro de cada club, pueden existir equipos cuyos entrenadores sean más o menos competitivos en la práctica del deporte.

De la misma manera, existen niños más adaptados o menos a la práctica de cualquier deporte, más habilidosos, más inteligentes, más rápidos, más fuertes; dependiendo de las capacidades de cada uno de ellos y las necesidades del equipo, la distribución del tiempo de juego será diferente.

Pero llegará un momento en el que nuestro hijo tendrá que decidir el grado de competitividad que quiera y pueda implementar al deporte que practica, decidiendo, dentro de sus posibilidades, la elección del equipo en el que pretende seguir la práctica deportiva.

Si el interés del niño pasa por la mera práctica del deporte, la diversión y el mantenimiento de una forma física adecuada, posiblemente, deba optar por la opción de un equipo en el que la competitividad y la voluntad de ganar no sean el factor fundamental.

En casos así, la distribución de los minutos de juego no deben ser planteados como una estrategia de victoria sobre el rival, sino de esfuerzo del participante, dirigiendo la distribución del tiempo real de juego a que todos los niños jueguen intervalos parecidos, premiando a aquellos que demuestren los valores que está defendiendo el club o el equipo.

Las Actitudes deberán primar respecto las Aptitudes.

Actitudes como esfuerzo, compañerismo, competencia, garra deberán primar sobre aptitudes como fuerza, velocidad, destreza.

Pero incluso en estos casos, existirán situaciones, momentos de partido o de temporada, en los que la voluntad de vencer pueda llegar a modificar las condiciones de distribución del tiempo de juego; en estos momentos, la distribución de los minutos de juego se verá condicionada, por la voluntad de obtener un resultado, lo que deberá ser convenientemente explicado e incluso compensado a aquellos que salgan perdiendo en el “baile” de los minutos.

Una situación diferente será la de aquel niño cuya decisión ha sido la de pertenecer a un equipo cuyo fin será la competición, como término más sutil del concepto de victoria.

En este caso, el niño deberá ser consciente de cuáles son sus virtudes, las virtudes de sus compañeros y el aporte de cada uno de ellos en cada momento del juego, por lo que deberá ser consciente que su participación, en momentos determinados, puede ser menos favorable que la de otros compañeros.

Ello no significa que el participante sea prescindible o innecesario en el equipo, sino que, en un momento determinado, el entrenador toda la decisión, que le es potestativa, y diseña el sistema de juego con los  participantes que considera más adaptados a su criterio.

En este caso, evidentemente, las Aptitudes prevalecerán sobre las Actitudes (siempre que nunca se renuncie a la actitud de competir), con los problemas que ello puede conllevar.

De la misma manera, el entrenador deberá saber repartir minutos de menor importancia para compensar a aquellos niños que han tenido menos opciones de desarrollar su capacidad de juego.

La correcta gestión de los minutos, la contínua formación de los niños y de su entorno, proporcionarán estabilidad y confianza al equipo, de tal manera que todos los involucrados conozcan la norma y la acepten.

Entre estos involucrados, también incluyo a los padres (como máximo exponente del entorno familiar de cada menor), sobre todo en edades inferiores; también ellos deberán saber las condiciones del reparto de minutos, aceptarlas y asumirlas.