MINUTOS… (III)

Después de tratar en artículos precedentes la realidad de la gestión de minutos de juego en la generalidad de los deportes de equipo, ha llegado el momento de prestar una especial atención a la gestión real de los minutos.

Ya hemos expuesto en el artículo anterior las dificultades de una correcta gestión del tiempo de juego en los deportes de equipo en deporte base, pero esta dificultad es mucho más compleja en deportes en los que existen otros intereses, superiores al propio crecimiento del menor.

Dejemos una premisa clara, un deporte de equipo, es eso… un deporte de equipo; el bien superior es el éxito del equipo, no el del individuo.

Algo tan sencillo como este concepto, puede no ser bien entendido por todos  los que forman parte de este equipo y ello conducirá a la consecuente frustración.

Evidentemente, cada individuo tiene sus intereses en el cuerpo de un equipo, pero deberá entender que, de igual manera que él, existen otros componentes que, también tienen sus intereses personales, de crecimiento, desarrollo, formación… y otros.

Aquellos componentes del equipo que no entiendan esta condición del juego, posiblemente estén abocados a la frustración y al fracaso, puesto que deberán entender que, como parte integrante del equipo, son herramientas a disposición de un entrenador, para alcanzar su fin.

La petición de tiempo de juego para nuestro hijo puede ser considerada como una falta de respeto respecto el resto del equipo, toda vez que si pedimos más tiempo para nuestro hijo, será en detrimento de otro niño que, también tiene sus derechos; este gesto puede ser entendido como una manifestación de egoísmo, de afán de prevalecer sobre el resto.

Pero, incluso, si llevamos a cabo un análisis más profundo, puede ser considerado hasta una clara evidencia de subjetividad, toda vez que el padre o el propio niño (subjetivos por su implicación en la solicitud) recurren a la demanda directa, tratando de influir al entrenador (imparcial, por el propio fin que busca) con herramientas diferentes a las que debe ofrecer en el campo de juego.

Pueden existir casos en los que la decisión de un entrenador pueda ser premeditada, consciente y tendente a beneficiar o perjudicar a algún jugador (puedo imaginar que serán los casos mínimos, pero los entrenadores también son humanos y se pueden equivocar); incluso en estos casos, la petición directa de minutos será un error, toda vez que pondrá de manifiesto la situación de injusticia, pero no logrará que se revierta. Posiblemente, en estos casos, la solución pueda ser otra, pero tomada con mucha cautela, reflexión y con una amplitud de miras de largo plazo.